miércoles, 5 de diciembre de 2012

Reseña



¡El olvido que seremos!

El olvido está tan lleno de memoria que a veces no caben las remembranzas y hay que tirar los rencores por la borda, en el fondo el olvido es un gran simulacro, nadie sabe ni puede aunque quiera olvidar. El día o la noche en que el olvido estalle, salte en pedazos o crepite, los recuerdos atroces y los de maravilla quebrarán los barrotes de fuego, arrastrarán por fin la verdad por el mundo y esa verdad será que No hay olvido. Mario Benedetti.

Dejar un eco en la tierra aún después de abandonarla significa que no seremos olvidados en una totalidad. El valor y la compasión son las palabras que describen la humilde entrega del protagonista de este libro Héctor Abad Gómez, quién ha sido y seguirá siendo fuente de inspiración para su hijo.

El dolor, la angustia, la soledad y la resignación, fueron los entes que transformaron una tragedia en millones de líneas y palabras con el fin de relatar la más sublime historia de amor y entrega. Vivir en sociedad no ha sido una tarea fácil, pues implica aceptar injusticias y ser hacedor de situaciones con las cuales a veces no estamos conformes, Héctor Abad fue uno de los hombres que dio un paso adelante para querer transformar esta situación; defendió inocentes, luchó por una equidad, apoyó a las familias más vulnerables y debatió por los derechos humanos. Estuvo en contra de todo aquello que afectaba la dignidad de las personas; el maltrato, el abandono, las necesidades, la escases y la falta de recursos para suplir el alimento, la salud, la educación y el trabajo. Pero aunque ésta labor para muchos era admirable y digna, habían élites que repudiaban su servicio y entrega por los más vulnerables, pues no tenían claro la importancia de aquel sueño llamado “equidad” y sólo se refugiaban en su codicia y poder.

Hacer el bien es una discusión emblemática que acarrea desacuerdos e inconformidades frente a las distintas formaciones humanas que se han vuelto limitantes de este fenómeno. Hay quienes optan hacer el bien para sí mismos y encerrarse en su burbuja de cristal evitando ser tocados por el aullido de quienes necesitan ayuda, como lo son aquellos personajes  que intentan ganar popularidad subiéndose al poder y ocupando cargos de mandatarios, pero jamás se empantanan sus botas ni siquiera en el intento de saber qué está pasando en la comunidad. “Hay episodios de nuestra vida privada que son determinantes para las decisiones que tomamos en nuestra vida pública”[1] Y así ocurre con los prestigiosos  que discriminan según las condiciones sociales. Gómez por el contrario, hizo uso de su conocimiento como docente, especialista en salud pública y su sentir por la humanidad para transformar algo, para generar ayudas y cubrir la escases de los desamparados. Hacer el bien muchas veces no es suficiente para ganarse la tranquilidad del diario vivir, aunque actuemos según nuestros principios y moral de forma correcta, siempre va a existir alguien que esté en contra de nuestros argumentos, así se refleja en el texto cuando nos describen el asesinato de un hombre que sólo quiso dejar huella, servir a sus parientes y no callar las injusticias y sólo quedó de él un recuerdo. En la sociedad pasa igual, la lucha de unos pocos por querer alcanzar el cambio es derrumbada por quienes son inconscientes y desprestigian la idea de igualdad.

La falta de tolerancia a llevado a los hombres a matarse unos a otros, quitar a aquel que estorba en el camino se ha vuelto una tradición facilista que da “solución” a los problemas. Se supone que los humanos somos racionales frente a la especie animal que es irracional, pero a este punto nos hemos igualado; ya no quedan valores que se rescaten, no hay comprensión ni compasión por el otro. El hecho de pertenecer a cierto partido político o manejar ideologías diferentes ha sido lo que determina nuestra cabida o estatus en un grupo social, ahora prima el índice intelectual o la astucia de conseguir poder, pero “el mero conocimiento no es sabiduría. La sabiduría sola tampoco basta, son necesarios el conocimiento, la sabiduría y la bondad para enseñar a otros hombres”[2] así que no es digna la posición egocéntrica de ser mejor o tener más que otros, pasando por encima de sus vidas.

“La memoria es un espejo opaco y vuelto añicos, o mejor dicho, está hecha de intemporales conchas de recuerdos desperdigadas sobre una playa de olvidos”[3]
Hay quienes con el paso de los años han creado superhéroes y los han querido imitar, así ocurrió con Faciolince, tuvo por héroe a una figura paterna que jamás juzgó las condiciones deplorables, sino, que buscó una solución para remediar las inconsistencias de las personas.  Aunque haber  hecho el bien fuera el punto de partida de su padre, hoy queda la más grata satisfacción de haber brindado la mano y abierto su corazón a las problemáticas de la ciudad. Por ello, aún si hay quienes se sienten orgullosos de atentar contra la vida, también hay quienes se esmeran por cambiar esta rutina y ser protagonistas de un ensueño que jamás quedará en la tierra del olvido.


[1] FACIOLINCE. El olvido que seremos. Bogotá: Editorial Planeta Colombiana S.A, 2006. Pág 179

[2] Ibid.Pág 200

[3] Ibid.Pág 137