¡El olvido que seremos!
El olvido está tan
lleno de memoria que a veces no caben las remembranzas y hay que tirar los
rencores por la borda, en el fondo el olvido es un gran simulacro, nadie sabe
ni puede aunque quiera olvidar. El día o la noche en que el olvido estalle, salte
en pedazos o crepite, los recuerdos atroces y los de maravilla quebrarán los
barrotes de fuego, arrastrarán por fin la verdad por el mundo y esa verdad será
que No hay olvido. Mario Benedetti.
Dejar un eco en la
tierra aún después de abandonarla significa que no seremos olvidados en una
totalidad. El valor y la compasión son las palabras que describen la humilde
entrega del protagonista de este libro Héctor Abad Gómez, quién ha sido y
seguirá siendo fuente de inspiración para su hijo.
El dolor, la
angustia, la soledad y la resignación, fueron los entes que transformaron una
tragedia en millones de líneas y palabras con el fin de relatar la más sublime
historia de amor y entrega. Vivir en sociedad no ha sido una tarea fácil, pues
implica aceptar injusticias y ser hacedor de situaciones con las cuales a veces
no estamos conformes, Héctor Abad fue uno de los hombres que dio un paso
adelante para querer transformar esta situación; defendió inocentes, luchó por
una equidad, apoyó a las familias más vulnerables y debatió por los derechos
humanos. Estuvo en contra de todo aquello que afectaba la dignidad de las
personas; el maltrato, el abandono, las necesidades, la escases y la falta de
recursos para suplir el alimento, la salud, la educación y el trabajo. Pero
aunque ésta labor para muchos era admirable y digna, habían élites que repudiaban
su servicio y entrega por los más vulnerables, pues no tenían claro la
importancia de aquel sueño llamado “equidad” y sólo se refugiaban en su codicia
y poder.
Hacer el bien es una
discusión emblemática que acarrea desacuerdos e inconformidades frente a las
distintas formaciones humanas que se han vuelto limitantes de este fenómeno.
Hay quienes optan hacer el bien para sí mismos y encerrarse en su burbuja de
cristal evitando ser tocados por el aullido de quienes necesitan ayuda, como lo
son aquellos personajes que intentan
ganar popularidad subiéndose al poder y ocupando cargos de mandatarios, pero
jamás se empantanan sus botas ni siquiera en el intento de saber qué está
pasando en la comunidad. “Hay episodios de nuestra vida privada que son
determinantes para las decisiones que tomamos en nuestra vida pública”[1] Y así ocurre con los
prestigiosos que discriminan según las
condiciones sociales. Gómez por el contrario, hizo uso de su conocimiento como
docente, especialista en salud pública y su sentir por la humanidad para
transformar algo, para generar ayudas y cubrir la escases de los desamparados.
Hacer el bien muchas veces no es suficiente para ganarse la tranquilidad del
diario vivir, aunque actuemos según nuestros principios y moral de forma correcta,
siempre va a existir alguien que esté en contra de nuestros argumentos, así se
refleja en el texto cuando nos describen el asesinato de un hombre que sólo
quiso dejar huella, servir a sus parientes y no callar las injusticias y sólo
quedó de él un recuerdo. En la sociedad pasa igual, la lucha de unos pocos por
querer alcanzar el cambio es derrumbada por quienes son inconscientes y
desprestigian la idea de igualdad.
La falta de
tolerancia a llevado a los hombres a matarse unos a otros, quitar a aquel que
estorba en el camino se ha vuelto una tradición facilista que da “solución” a
los problemas. Se supone que los humanos somos racionales frente a la especie
animal que es irracional, pero a este punto nos hemos igualado; ya no quedan
valores que se rescaten, no hay comprensión ni compasión por el otro. El hecho
de pertenecer a cierto partido político o manejar ideologías diferentes ha sido
lo que determina nuestra cabida o estatus en un grupo social, ahora prima el
índice intelectual o la astucia de conseguir poder, pero “el mero conocimiento
no es sabiduría. La sabiduría sola tampoco basta, son necesarios el
conocimiento, la sabiduría y la bondad para enseñar a otros hombres”[2] así que no es digna la
posición egocéntrica de ser mejor o tener más que otros, pasando por encima de
sus vidas.
“La memoria es un
espejo opaco y vuelto añicos, o mejor dicho, está hecha de intemporales conchas
de recuerdos desperdigadas sobre una playa de olvidos”[3]
Hay quienes con el
paso de los años han creado superhéroes y los han querido imitar, así ocurrió
con Faciolince, tuvo por héroe a una figura paterna que jamás juzgó las
condiciones deplorables, sino, que buscó una solución para remediar las
inconsistencias de las personas. Aunque
haber hecho el bien fuera el punto de partida
de su padre, hoy queda la más grata satisfacción de haber brindado la mano y
abierto su corazón a las problemáticas de la ciudad. Por ello, aún si hay
quienes se sienten orgullosos de atentar contra la vida, también hay quienes se
esmeran por cambiar esta rutina y ser protagonistas de un ensueño que jamás
quedará en la tierra del olvido.
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